Geoeconomía global y estabilidad europea: ¿hay un lugar para la inteligencia económica en la UE?

En las últimas décadas hemos visto cómo la economía ha ido aumentando su relevancia en las decisiones estratégicas de las Naciones. El predominio de la geopolítica como elemento principal en las relaciones internacionales ha ido cediendo espacio a un nuevo concepto: la Geoeconomía. Por ello, potencias mundiales como Estados Unidos, China, Rusia y más, han ido adaptando sus servicios y agencias de inteligencia para garantizar sus capacidades estratégicas en el ámbito económico, tanto en materia de seguridad como de competitividad. Sin embargo, la Unión Europea no ha sido capaz de adaptarse al cambio y crear un organismo o una unidad de inteligencia económica que proteja de las amenazas, tanto en términos de seguridad como de competitividad, al conjunto de países que la forman. Esta falta de iniciativa podría posicionarle en cierta desventaja con respecto al resto de potencias mundiales.

La Geoeconomía de Pascal Lorot

Sea que “el comercio sigue a la bandera” (es decir, que la proyección exterior del poder nacional tiene consecuencias económicas beneficiosas para el que lo lleva adelante) o que “la bandera sigue al comercio” (entendiendo que las políticas económicas nacionales generan efectos geopolíticos en el exterior que benefician a los actores económicos internos). Desde hace, por lo menos, dos décadas se señala la existencia de un campo de conocimiento y de intereses específicos que, inspirado en la geopolítica, algunos autores –como el académico francés Pascal Lorot– han denominado geoeconomía.

Hoy es una opinión común señalar que la geoeconomía está desplazando gradualmente la importancia de la geopolítica [1]; algo que ya en 1990 vislumbraba el politólogo rumano-estadounidense Edward Luttwak en un trabajo seminal “From Geopolitics to Geoeconomics: Logic of Conflict, Grammar of Commerce”. Con parsimonia, pero de manera irreductible, la transición lleva vigente al menos dos décadas, desde el fin de la Guerra Fría. Esto tiene incidencia no sólo en la des– o re-territorialización de algunos procesos políticos, económicos y culturales, sino que también viene afectando a las corrientes de opinión social (las ideologías sociopolíticas), así como a la conformación de las actitudes y preferencias de la población económicamente activa nacida con posterioridad (y al cobijo) de esta nueva fase de globalización. La geoeconomía, por lo tanto, se ha vuelto un tema central para la estabilidad y seguridad europeas.

Prospectiva Geopolítica y Geoeconómica de las Agencias

Desde comienzos de la década de 1990, las agencias de inteligencia de los EE. UU., Europa, Rusia, China y Japón llevaron a cabo diversos ejercicios analíticos y prospectivos para reexaminar el futuro geopolítico y geoeconómico de la competencia y los conflictos internacionales. También se encargaron de estudiar la naturaleza de su propia existencia institucional, así como sus misiones y responsabilidades de cara al nuevo orden global que se consolidaba.

Desaparecida la Unión Soviética, los riesgos, las amenazas y las propias vulnerabilidades quedarían afectadas, o directamente mutarían desde su tradicional base, asentada en temas considerados “clásicos” de los Estados (vinculados más a los intereses político-militares y, en menor medida, policiales), a “nuevos temas” emergentes (en particular, económicos y científico-técnicos), considerándolos críticos para el desarrollo y la seguridad de las naciones [2]. Robert Gates, en 1992, entonces director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), destacó “la creciente y dramática importancia de los asuntos económicos internacionales como un problema de inteligencia”, así como que “casi el 40% de los nuevos requerimientos tenían un naturaleza económica”.

definicion-grafica-de-union-europeaHan pasado ya 25 años desde estas observaciones sobre la mayor complejidad de los requerimientos de inteligencia para tener un gobierno moderno, eficaz y eficiente. Sin embargo, hasta la fecha, no parece que todos los países de la UE comprendan la importancia de la inteligencia económica.

Vemos distintas definiciones para esta disciplina, que van desde la ofrecida por la Comisión Europea, con un carácter más genérico, a otras que hacen hincapié en su finalidad como herramienta de competitividad del estado o como elemento sustentado sobre las relaciones entre múltiples variables.

Si analizamos la eficiencia de las agencias económicas de países hegemónicos como Rusia, China o E.E.U.U, el lector comprenderá mejor la desventaja que esto le supone a la UE. Podemos observar como Rusia ha intensificado en los últimos años el uso de sus servicios de inteligencia, incidiendo en su política exterior, de seguridad, y económica; como China se centra en fortalecer su producción de inteligencia de fuentes técnicas y humanas, así como la eficacia de su contrainteligencia y seguridad; o como en Estados Unidos, la administración Trump ha decidido desplegar de manera más ofensiva sus capacidades estratégicas y tácticas de inteligencia, para proteger mejor la seguridad nacional.

Y en la UE…

Mientras tanto, la UE no logra obtener una masa crítica para dotarse de agencia de inteligencia propia que se encargue, ya no sólo de las demandas de servicios de contraterrorismo y contrainteligencia (que cada vez se hacen más evidentes), sino incluso de aquellas misiones y responsabilidades en materia de seguridad económica que se entiendan como vitales para Europa. Nos encontramos ante temas críticos de ciertos procesos financieros, industriales, comerciales y logísticos que son fundamentales para la estabilidad, prosperidad y seguridad europea, que carecen de una agencia que monitorice e intervenga, de necesitarlo, en sus riesgos y amenazas.

Todavía no parece haber emergido una conciencia situacional común (y que pueda traducirse en acciones político-institucionales concretas) en torno a la necesidad y  oportunidad de que en la UE se dé una agencia de inteligencia propiamente dicha, con capacidades y recursos operativos tanto a nivel estratégico como táctico. Incluso en casos tan graves como la lucha contraterrorista, las perspectivas no parecen ser las mejores. Sin ir mas lejos, recientemente dos importantes funcionarios de inteligencia de Alemania [12] rechazaron crear una agencia de inteligencia europea ante las sugerencias de los funcionarios y líderes europeos –entre ellos, el comisario de Migración, Asuntos de Interior y Ciudadanía de la Unión Europea, Dimitris Avramopoulos, y el mismo presidente de Francia, Emmanuel Macron. 

No es de extrañar que el presidente Francés quiera crear una inteligencia europea común, ya que en Francia, como se comentó anteriormente en una entrada anterior, ha creado una Délégation Interministérielle à l’Intelligence Économique donde se lanzan guías de inteligencia económica para “dummies” y crean colaboraciones con el sector público y privado Esto ha demostrado a los franceses la importancia y eficacia que supone un organismo de inteligencia para  proteger sus intereses, proyectar el futuro de crecimiento como nación y garantizar una seguridad económica y competitividad a sus empresas.

Y en España…

Sin embargo, en España, este área estratégica está todavía en proceso de desarrollo. El gobierno de Mariano Rajoy presentó un proyecto de Sistema de Inteligencia Económica (SIE) fundamental y necesario para poder aumentar nuestra competitividad. Hay que destacar que el buen desarrollo y la adecuada implantación del SIE es importante, no solo para temas de contrainteligencia y seguridad, sino también para potenciar la inteligencia en sectores estratégicos como el turismo (véase el Modelo de Inteligencia Turística, MIT) que supone el 11,2% del PIB español (2015), y que aún tiene recorrido para explotar. Movimientos similares podrían verse en el resto de países mediterráneos.

En la actualidad, la competencia geoeconómica está efectivamente reemplazando a la competencia geopolítica como foco de la disputa por el poder, la administración y la influencia global. Sin embargo, los stakeholders europeos carecen de un proceso institucionalizado para la producción de inteligencia (y contrainteligencia) en materia de seguridad económica.

la-inteligencia-economica-y-la-guerra-que-se-esta-librando-a-nivel-globalResulta llamativa –y preocupante– esta falta institucional en materia de inteligencia económica. Fortalecer los vínculos entre los Estados miembros de la UE, sus servicios de inteligencia, así como con la base financiera, industrial, comercial y de I+D, debería ser un propósito autoevidente para Europa en esta fase de la globalización.

Los procesos financieros, industriales o comerciales de alcance global que puedan vulnerar la estabilidad, prosperidad y seguridad no van a dar aviso de llegada. Por lo tanto, una de las principales prioridades que tendría que tener la UE es establecer una institución común de inteligencia económica, no solo por todo lo comentado anteriormente, si no para hacer ver que es una unidad más establecida y ganar más competitividad.

Ante la pregunta de si hay un lugar para la inteligencia económica en la UE, la respuesta es sí. No obstante habría que preguntarse, ¿qué problemas existen actualmente para que no haya aún ninguna institución? y, ¿cuáles son las posibles consecuencias de la ausencia de ésta?

Autor: 

  • Alejandra Fernández Cobo: (Grado en Business Administration and Management por la Universidad Rey Juan Carlos; linkedin)
  • Jose Manuel Arroyo Rivera (Grado en Economía por la Universidad Autónoma de Madrid; linkedin)
  • Itsaso Iriarte Elarre (Grado en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid; linkedin )

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